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Principios de la conducta humana

 

Para empezar a entender la forma en la que funciona la mente de nuestros hijos vienen bien algunas nociones generales (y por tanto matizables y con excepciones).

 

Conviene comprender los tres principios generales que rigen el comportamiento humano.


A mi entender, los principios que rigen el desarrollo de la personalidad en niños, son:

Superación.

Supervivencia.

Adaptación.

 

Los enumero en este orden porque creo que ante todo el ser humano es un animal que se ha superado a sí mismo y sus limitaciones naturales, a veces poniendo en peligro su supervivencia.

 

El principio de Supervivencia actúa como regulador del primero dando como resultado la Adaptación.

 

La Adaptación es el objetivo fundamental de la educación humana.

 

No en el sentido de acomodación pasiva.

 

Sino como la capacidad de reconocer la realidad que lo rodea y conociéndola intentar alcanzar sus propios sueños.

 

La realidad fundamental en la que vivimos es la sociedad.

 

La educación debe tender a adaptarnos a la sociedad real (sin por ello renunciar a criticarla o aspirar a mejorarla).

 

Uno de los principales fallos que se comete en educación es intentar preparar a los niños para una sociedad ideal que no existe.

 

Por mucho que deseemos que sea distinta, la sociedad es la que es.

 

Empeñarnos en enseñar a los niños que es de otro modo es como intentar que una persona que va en silla de ruedas se convenza de que hay una rampa adecuada donde sólo existen unas escaleras.

 

La rampa debería estar ahí.

 

Pero no está.

 

Y si le convencemos de que existe solo conseguiremos que se estrelle intentando bajar la rampa imaginaria, porque los escalones serán injustos, pero son reales.

 

Y la realidad es a veces cruel, pero sobretodo es muy tozuda.

 

Para que pueda adaptarse a ella, es necesario el niño conozca progresivamente como funciona la sociedad, adquiriendo las habilidades necesarias para adaptarse a ella tal como es.

 

Y al mismo tiempo despertar y fomentar en él el sentido crítico necesario para entender sus defectos actuales y esperar así que hagan en el futuro su propia aportación para mejorarla.

 

Pero diferenciando perfectamente entre lo que es y lo que nos gustaría que fuese.

 

En segundo lugar interesa entender como responde nuestro cerebro a los estímulos del exterior.

 

Esto nos sirve para entender las conductas inconscientes, que son la base de muchos problemas, especialmente en la afectividad, los trastornos alimenticios y del sueño.

 

Se originan por formas de hacer las cosas en las que ya podemos influir especialmente durante los dos primeros años de vida.

 

Hablaremos en este punto de la programación de conductas.

 

Por último veo importante comprender la evolución de la mente infantil para entender en que momento del desarrollo del niño podemos empezar a actuar en cada aspecto de su educación.

 

Veremos que el desarrollo de la conciencia es la llave para entenderlo: se parte de una concepción limitada a la propia existencia que se va extendiendo a la madre primero, a la familia después y finalmente al resto de los individuos.

 

 

Principio de superación:

 

Si en algo nos asombran los niños es en lo cabezones que pueden llegar a ser cuando se empeñan en algo.

 

Pero si observamos la historia de la humanidad deberíamos entender que es algo innato en nosotros (para bien y para mal).

 

El ser humano ha superado barreras de forma incansable desde su aparición en este mundo.

 

Por imposibles que pareciesen (matar a un león, controlar un río, volar, viajar a la luna, vivir bajo el agua…) y por poco que nos convinieran (matar a seres de nuestra propia especie, contaminar todo un mar, destruir la atmósfera…).

 

Ver el desarrollo de un niño es como observar un esquema de la evolución humana.

 

No comparto la visión Buenista de pensar que los niños son esencialmente buenos y son sólo capaces de hacer daño si se les induce a ello.

 

Amar o hacer daño son dos posibilidades innatas en todo ser humano, y los niños no son una excepción. Pero también es cierto que el ser humano mayoritariamente elige amar a hacer daño y suele recurrir a lo segundo sólo cuando se le empuja a ello.

 

Pero hay excepciones y grados diferentes.


Lo que sí os recomiendo, es actuar hacia vuestros hijos partiendo siempre de la idea de que cuando hacen algo "no adecuado", no lo hacen por maldad, sino en la mayoría de los casos porque no saben que no "está bien" o lo que se espera de ellos. Esforzaos por ser capaces de explicar lo que se espera que hagan de la forma más clara y coherente posible. Y con mucha tranquilidad.

 

Si a un ser humano se le pasa por la cabeza hacer algo, lo intenta una y otra vez hasta que lo consigue (le convenga o no) o perece en el intento.

 

Uno de los puntos en que el ser humano y el niño ejercitan su instinto de superación es la dominación del medio.

 

El medio en el que este “monito con pretensiones” que es vuestro hijo (nosotros somos monos grandes con pretensiones mayores) empieza a desarrollarse es vuestra casa, la familia. Así que preparaos, porque su primer objeto de dominación sois vosotros.

 

Esto parece una tontería.

 

Pero hay muchos padres que por desgracia lo acaban teniendo claro demasiado tarde.

 

Muchos niños son dictadores en potencia si se les permite. No por maldad. Habitualmente es porque establecemos con ellos una relación en términos de competencia por ese dominio. Es más fácil evitar esto siendo respetuosos con el niño, que gritando más alto que él.


Sé que esto va en contra del pensamiento de que todos los niños son buenas personas. Pero es que reconocer que a cualquiera si se nos permite nos gusta mandar y que los demás obedezcan, no es decir que somos malos. Es reconocer que somos así. Y si esto fuese falso la violencia entre los seres humanos nunca hubiese existido, o al menos no hubiese sido una constante en nuestra historia.

 

Convertirse en dictador no implica para un niño que por ello sea más feliz. Es de hecho una garantía de que será desgraciado en su vida.

 

Los seres humanos pueden demandar atenciones hasta el infinito, lo que no quiere decir que todas estén justificadas. Y los niños no son una excepción.

 

¿Qué hace falta para ser el centro de atención en una habitación con 20 personas, que todas te atiendan y cedan a tus deseos?

 

Tener menos de dos años.

 

Si aún no sois padres, a lo mejor no lo entendéis.

 

Pero si lo sois, pensad un poco:

 

¿Cuándo consigue el niño con más facilidad que se cumplan sus caprichos?

Entendiendo por capricho aquel deseo que sabéis que no debéis satisfacer porque es perjudicial para él.

 

¿Cuándo se porta peor?

 

Si la respuesta es: En una reunión familiar. “Medio dominado.”

 

 

Otro punto a superar: las normas.

 

Sólo hay una forma de vivir sin normas: Vivir solo.

 

Y solo no quiere decir adulto soltero. Quiere decir aislado, en un medio en el que seamos el único ser humano, no influyamos sobre los demás, ni los demás sobre nosotros.

 

Incluso en esa situación hay normas que nos marca nuestro entorno.

 

Vamos, que al final nos pongamos como nos pongamos siempre hay normas.

 

Las normas de verdad, no las que se deben al capricho del gobernante de turno (o del padre de turno), funcionan de modo que su desconocimiento no exime de sufrir las consecuencias de romperlas.

 

Hay reglas sociales, escritas en forma de leyes, cuyo incumplimiento el Estado castiga.

 

Pero hay otras normas sociales, no escritas, cuyo incumplimiento también tiene consecuencias, que propinan los demás miembros de la sociedad de forma más o menos evidente.

 

Ejemplo de norma no legal en nuestra sociedad:

Los histéricos suelen acabar marginados.

 

Porque el histérico basa su relación con los demás en dar pena para manipularles, pero esa es una estrategia que acaba hartando a la gente, que los acaba abandonando.

 

La norma es: “Si me manipulas, paso de ti”.

 

En realidad, con nuestra conducta estamos continuamente amoldándonos a normas de los demás y marcando a los demás las nuestras.

 

El simple hecho de actuar de forma consecuente dos veces, marca una norma a los demás:

 

Si tu me haces A yo responderé B.

 

Si no quieres B no me hagas A.

 

Si quieres B hazme A.

 

En educación es fundamental tener este esquema claro:

  • La mayoría de los niños que saben que sus padres les quieren y respetan tienden a actuar intentando complacer a sus padres.
  • Un niño no entenderá lo que se espera de su conducta si ante actos iguales respondemos de formas muy diferentes sin un patrón claro.
  • Cuando una conducta no está regida por una regla fija el niño hace esa conducta cuando le apetece o piensa que le será útil. Por ejemplo respirar.
  • Si respondemos a una conducta con algo agradable para el niño, la conducta se hará cada vez más frecuente. En la mayoría de niños normales esa respuesta es una muestra de cariño y aprobación.
  • También favorecemos una conducta si eliminamos algo desagradable cuando la hace. Ejemplo: Un niño que ya quiere que le quitemos el pañal, y lo consigue si nos avisa para ir al baño.
  • O evitarla cuando eliminamos algo agradable para él al hacerla. En la mayoría de los niños normales, cuando ante algo que nos desagrada, pierde nuestra aprobación (que para él es algo agradable).
  • Si respondemos a una conducta con algo desagradable para el niño, la conducta se hará cada vez menos frecuente. Este último modo es menos recomendable que los demás porque significa que sus padres le den algo desagradable (castigos).Y para mí, un buen principio en la relación padres-hijos es el amor. Y es difícil dar algo que hace daño a alguien a quien se quiere, sin que ese amor se resienta.

 

 

El tercer punto a superar: a sí mismo.

 

Este es el aspecto más positivo del instinto de superación.

 

A él se deben tanto el progreso personal como el de nuestra especie.

 

Conviene incentivarlo, pero sin que llegue a ser una obsesión.

 

Hay personas que hacen de la superación personal algo con valor en sí mismo, hasta el punto de invertir en el simple hecho de superarse en cualquier aspecto sin valor un tiempo y unos esfuerzos que deberían dedicar a objetivos mucho más valiosos para sí mismos y los demás. (Basta con leer el libro Guiness de los Records).

 

Me parece evidente que esto es un error personal y social.

 

Es el carácter positivo de la superación personal lo que a veces marca los casos en que debemos ceder ante el niño en los dos aspectos anteriores (dominación del medio y normas), ya que uno de nuestros principales objetivos en la educación de un niño es que se avance hacia su independencia personal.

 

En la dominación del medio, es contraproducente permitir que el niño someta a sus caprichos (de nuevo explico: solicitudes que son perjudiciales para él) al entorno familiar.

 

Pero cuando nos plantea tomar la responsabilidad de un aspecto de su vida (y responsabilidad implica que nos muestre que entiende su importancia y las consecuencias de tomar decisiones en ese tema), se debe dar la oportunidad de que se equivoque, siempre con nuestro apoyo si lo pide, hasta que acierte.

 

Para la superación de las normas (que como hemos dicho son necesarias para la convivencia) siempre deben estar sujetas a discusión.

 

Si el niño es capaz de darnos una alternativa en un cierto tema cuyo resultado nos parezca al menos tan válido como el de la norma previa, se debe ceder.

 

Es importante que el niño tenga la sensación de que ni el entorno, ni las normas son totalmente invencibles, siendo parte de nuestra responsabilidad el decidir cuales de las batallas podemos permitirle ganar y cuales no.

 

Pero debe ganar batallas de vez en cuando.

 

Para elegir esas victorias:

 

  • Ceded en una situación que no tenga demasiada importancia si se ha impedido de venza en aspectos más serios.
  • Ceded en cualquier aspecto que no le perjudica si apreciáis que ha utilizado para alcanzar su fin medios imaginativos.
  • Ceded a veces en cuestiones que pueden ocasionarle pequeños perjuicios, aclarándole desde el principio que creéis que se equivoca, pero sin machacarlo cuando sea así, y manifestándole nuestro reconocimiento si nos demuestra que estábamos equivocados.

 

En el primer caso hará que valore más nuestros consejos.

 

En el segundo verá que le apoyamos, que somos razonables y a lo mejor hasta nos enseña algo.


En el tercero nos ganamos su respeto y que aprecie nuestra opinión.

 

Principio de supervivencia:

 

Si el principio de superación dominase por completo la conducta humana, hubiéramos tenido un recorrido muy corto.

 

Entre los que hubieran acabado en las fauces del león intentando cazarlo, en el fondo de un barranco intentado volar y en el fondo de los ríos o el mar intentando cruzarlos sin saber nadar, la especie humana habría desaparecido enseguida.

 

Por suerte compartimos con el resto de las especies animales el instinto de supervivencia:

 

Es imprescindible no morir hoy para intentarlo de nuevo mañana.

 

Hay que entenderlo en dos aspectos: el físico y el emocional.

 

  • La supervivencia física consiste en eludir el dolor y el peligro de muerte.
  • La emocional en preservar la autoestima o el amor de los demás.

 

Cuando se activa nuestro instinto de supervivencia durante un intento de superación, se renuncia momentáneamente al objetivo.

 

Ejemplo: niño que aprende a nadar y quiere cruzar toda la piscina. Cuando siente miedo se vuelve a la orilla.

 

No ha renunciado definitivamente a cruzar la piscina, pero si momentáneamente.

 

Si en nuevos intentos se fracasa, se puede optar entre dos posibilidades: abandonar el objetivo o buscar un medio distinto para conseguirlo.

 

Siguiendo con el ejemplo: si lo que quiere no es cruzar la piscina, sino el Océano Atlántico.

 

Por mucho que lo intente no podrá cruzar a nado: O deja de intentarlo o prueba con una embarcación.

 

La especial habilidad del ser humano para buscar medios alternativos en lugar de renunciar, es la que ha marcado su éxito evolutivo.

 

La sociedad actual tiende a proteger a sus individuos reduciendo los riesgos físicos (pegar a un niño no es aceptable NUNCA), de modo que en la modificación se la conducta de los niños influye mucho más el aspecto de la supervivencia emocional (preservar la autoestima o el afecto de los demás).

 

Cuando un niño renuncia en sus intentos por conseguir algo, no es porque se ponga en riesgo su integridad física (hacerlo es ilegal, además de malo y contraproducente), sino porque fracasa en sus intentos de alcanzarlo hasta el punto de que le resulta emocionalmente doloroso intentarlo de nuevo por el temor al fracaso o a perder el afecto de sus padres (aunque sea incondicional, el niño piensa a corto plazo e interpreta una expresión de desaprobación como pérdida del afecto paterno), y esto es bueno (ya os dije que hay frases malsonantes, pero las explico).

 

Si a vuestro retoño se le mete entre ceja y ceja que quiere algo, intentará conseguirlo de la forma más evidente que se le ocurra.

 

Pero en este mundo las soluciones evidentes no siempre funcionan.

 

Ejemplo: ¿Quiero un BMW?

 

Pues el próximo que vea, me lo quedo. De hecho es la respuesta evolutivamente adoptada. Cuando en los comienzos de la humanidad alguien con hambre veía comida no se planteaba si debía pagar al dueño del supermercado por ella.

 

Si aplico el sistema evidente:

Una vez el dueño me mandará a paseo.

La segunda vez la policía me dirá que no es mío.

La tercera me lo dirá el juez con argumentos de más peso…

 

Ante esa situación:

 

Puedo renunciar a tener un BMW: Se puede vivir perfectamente sin él.

 

O puedo buscar formas alternativas para conseguirlo: Trabajar y pagármelo renunciando a otras cosas.

 

Cuando alguien está acostumbrado a conseguirlo todo por el método más evidente, cuesta más que se renuncie a ese medio para buscar otros, o valorar el interés del objetivo.

 

Si un niño desde el principio lo ha conseguido todo de esa forma, cuando en la sociedad real (no en nuestra burbujita familiar) se encuentre con que no funciona puede tener muchos problemas.

 

Si no ha ejercitado su habilidad para buscar medios alternativos, lo más fácil es que vaya renunciando a sus objetivos uno tras otro, o que insista en sistemas que la sociedad se encargará de dejarle claro que no acepta.

 

Si ya desde pequeño se ha encontrado con barreras (no puestas por sus padres por hacerle la puñeta, sino en aquellos casos en que pedía cosas que le perjudican) aprenderá a valorar los objetivos de forma más realista (en función de los esfuerzos que son necesarios para alcanzar algo) y será más hábil buscando vías alternativas.

 

Es evidentemente mucho más fácil que este niño sea feliz en el futuro que el otro.

 

 

Hay personas que dicen que hay que evitar la frustración en los niños: Frustración es renunciar a algo porque me resulta anímicamente doloroso volver a intentarlo por el miedo a fracasar de nuevo.

 

Pero ¿es que hay alguien en este mundo, incluidas las personas que defienden eso o sus hijos que se salga siempre con la suya?

 

¿Acaso por evitar la frustración permitirías a tu hijo que salte por la ventana o juegue con un enchufe o un cuchillo con 3 años?

 

La frustración no es mala ni buena en si. Todos la sufrimos. Y a veces es muy positiva.

 

Es como el dolor.

 

Nadie quiere sufrirlo. Daríamos lo que fuera por evitárselo a las personas que queremos.

 

Pero las personas que pierden la sensibilidad dolorosa (diabéticos, leprosos…) tienen problemas muy graves.

 

Llegan a tener amputaciones de dedos, pies…

 

El dolor nos avisa de que algo no funciona, que estamos sufriendo un daño físico y tenemos que tomar medidas para evitar que empeore.

 

En estos enfermos que sufren pérdida de sensibilidad dolorosa el problema es que no actúan ante mínimas heridas que sufrimos todos y se curarían con un poquito de antiséptico.

 

Las heridas se infectan y siguen sin actuar porque no les duele y no saben que la tienen y finalmente cuando la descubren a veces ha provocado ya la gangrena de un dedo o un pie.

 

La frustración es como el dolor anímico.

 

Nos avisa de que una forma de actuar nos está dañando, podemos ignorarla o no tener la capacidad de reconocerla y entonces seguiremos con esa conducta hasta que el daño sea mucho mayor.

 

Si tenemos un adecuado reconocimiento de la frustración y hemos aprendido a responder de forma adecuada a ella, evitaremos conductas que nos resultan perjudiciales, antes de que generen problemas graves.

 

Pero eso no quiere decir que frustremos a nuestros hijos como forma de educarlos. Eso equivaldría a hacerles daño para que reconozcan el dolor.

 

Esto no es sólo impensable viniendo de unos padres que quieren a su hijo.

 

Es innecesario, ya que la vida por sí misma nos proporciona suficientes situaciones de dolor y frustración para que uno aprenda a reconocerlos y responder a ambos.

 

En la frustración por ejemplo: Cada vez que desea algo que le perjudica de verdad (¿y quien decide si le perjudica de verdad? pues vosotros, que para eso sois sus padres).

 

 

Principio de adaptación:

 

De la combinación de los dos principios anteriores (superación y supervivencia) nace la adaptación, que en el ser humano (y en la rata y la cucaracha) han alcanzado un desarrollo espectacular.

 

Adaptarse al ambiente en que vivimos y tener las herramientas que nos permitan hacerlo a cualquier otro posible en el futuro, son habilidades fundamentales para la felicidad de una persona.

 

Nuestro proceso de aprendizaje, que es el más largo de todos los animales que conocemos, consiste en adquirir las herramientas necesarias para adaptarnos al medio en que vive el ser humano: La sociedad.

 

Estas habilidades han ido cambiando a lo largo de la Historia, haciéndose cada vez más complejas.

 

Muchos esquemas, que evolutivamente eran adecuados

para los seres humanos de hace 100.000 años

o siguen siéndolo en otras culturas,

son en nuestra cultura actual inútiles o contraproducentes.

Y además eso cambia cada vez más rápido.

Eso crea evidentemente problemas de adaptación.

Lo llamamos estrés.

 

La importancia del fracaso educativo radica en que casi siempre implica un futuro social muy difícil.

 

Es como ser abeja y no volar: si has nacido reina, vale, pero como seas obrera lo tienes muy complicado.

 

Cuando se habla de educación solemos pensar en libros y asignaturas. Y estas son importantes. El progreso humano se basa en nuestra capacidad para acumular y transmitir conocimiento.

 

Pero es importante pensar también en habilidades psicológicas y sociales (lo que algunos llaman inteligencia emocional).

 

Son esas habilidades emocionales las que nos permiten adaptarnos mejor a situaciones de ansiedad, peligro, esfuerzo, fracaso o incluso éxito.

 

Y estas capacidades tienen un pilar fundamental de su desarrollo en los primeros años de vida. Porque durante los primeros años de vida probamos y consolidamos, forma de actuar, casi inconscientes, que vamos a seguir manteniendo, de forma inconsciente, el resto de nuestra vida. Podremos modificarlas después, conscientemente. Pero con un gran esfuerzo.

 

En estos primeros años, en el ambiente familiar ensayamos las conductas que usamos para relacionarnos con otras personas.

 

Vamos usando cada vez con más frecuencia aquellas conductas que dan el resultado que buscamos.

 

Y usamos cada vez menos aquellas conductas que no proporcionan lo buscado.

 

Si basamos la adaptación al medio familiar en conductas erróneas es fácil que luego al aplicar esas conductas en la sociedad se fracase estrepitosamente.

 

Por eso se deben reforzar en la familia, desde sus primeros pasos, aquellas formas de actuar que son útiles en la sociedad.

 

Hay varias habilidades que son especialmente útiles y ciertas conductas que son especialmente perjudiciales.

 

Habilidades personales útiles:

 

Empatía. Ponernos en lugar del otro para entender porqué actúa de un modo concreto. No es creer que el otro piensa como nosotros, sino ser capaz de entender como piensa él.

 

Capacidad de colaboración. Ser capaces de concertar esfuerzos con otros, cediendo en parte de nuestros objetivos y sumándonos a parte de los de los demás.

 

Capacidad de concentración. Centrar el esfuerzo en un objetivo que nos permita alcanzarlo, dejando otras cosas de lado momentáneamente.

 

Capacidad de esfuerzo. Mantener nuestra actividad en la consecución de un objetivo, buscando alternativas cuando un método no funciona, no rindiéndonos con facilidad.

 

Manejo de la ansiedad. Evitar que el miedo nos paralice aprendiendo a afrontar situaciones de resultado incierto o pérdidas (temporales o definitivas).

 

Manejo de la frustración. Reconocer la frustración de forma precoz para valorar adecuadamente la importancia del objetivo y en su caso buscar las vías alternativas para alcanzarlo.


Flexibilidad. Ser capaz de modificar la forma en que hacemos las cosas o pensamos, para evolucionar.

 

Son ejemplos que he pensado en este momento,

ni son los más importantes ni los únicos.

 

Conductas erróneas:

 

Violencia. Usar la fuerza, dirigida contra los demás, contra objetos o contra si mismo como forma de obtener algo. La sociedad reprime duramente esta forma de actuar. Hay leyes explícitas que lo prohíben.

 

Manipulación. Exageración de una dolencia física o emocional para inspirar pena como arma para exigir cosas o conductas a los demás. En los niños pequeños la rabieta. En los mayores el hipocondríaco o directamente el simulador. En la sociedad no hay leyes que la prohíban, pero los demás te castigan con la marginación si la usas con frecuencia.

 

Buenismo. Yo lo defino como actuar hasta el extremo, como si los demás fuesen yo mismo. Un exceso de empatía. O más bien un defecto de ella, porque no nos ponemos en lugar del otro, lo suplantamos.

 

Tiene dos vertientes: la que se dirige hacia los demás y lo que esperamos de los demás.

 

En lo que se dirige a los demás, es actuar confiando completamente en que las intenciones de los demás son las nuestras (estos niños se sienten continuamente defraudados por los demás).

 

En lo que esperamos de los demás, es actuar creyendo que los demás buscan solucionar nuestros problemas, lo que nos lleva a ser manipulados con más facilidad (y en la sociedad hay muchos dispuestos a manipularles con cualquier objetivo) o a recriminar a los demás que no arreglen nuestra vida.